A ti, soledad y aislamiento inoportuno,
siempre me has acompañado y siempre lo harás; y eso que te he sentido y siento aun estando en compañía.
Es difícil describir qué se siente ante tan prolongado estar; ante la incomodidad de ausencia de comunicación; ante no poder contar con alguien que te haga sentir parte de esta humanidad.
Es desagradable tu perenne presencia, sentir que estás, que eres un ser humano pero nada más; es nada adecuado saberte a ti mismo día a día, momento a momento, pues no es algo elegido. Aunque también es saludable dejar ir, no imponer, apartarse cuando sientes que no eres aceptado.
Aprendes a estar a solas, lo asumes, hasta llegas a pensar que es la mejor manera de estar; pero hay algo que no se puede controlar y son las sensaciones, que desatan ira, envidia, celos, ..., deseo. Y continúas en ese tu aislamiento nada elegido. Y choca inmensamente con la realidad que tienes.
Y sientes, y deseas, y nada puedes hacer al respecto.
Y mejor no pensar pues tan solo puedes percibir que eres un ser extraño, raro, que no eres de este planeta. Pero estás. Y eres. Y sientes. Y deseas.
Y te disfrazas para un trabajo realizar con personas con las que estar. Personas que simplemente saludan y con las que intercambias lo justo que el trabajo conlleva.
Y vuelves a casa. Y sientes el vacío de un ser que solo es. Y te preguntas sin encontrar respuestas. Y piensas, sientes, deseas ...
Es un estar absurdo, un pasar; igual te sumerges con una novela, una noticia, un poema, ..., letras, ...; tal vez música; pero no una persona que te abrace, una boca que te bese, unos dedos que te sacien tanta sensación.
Absurdo, pasar sin rastro dejar; absurdo sentir que existes pero no vives. Existir, que no vivir; callar que no ignorar; asumir que no aceptar.
Rosa Mª Villalta Ballester
